Hacia una definición nueva del humano. Un concepto siempre mutante

by futuridad

Este texto pretende entender las interrelaciones entre metáforas tecno-culturales, entornos y teorías en las ciencias de la vida en relación con las tecnologías que aumentan las capacidades del ser humano. Aquellos dispositivos entran a nuestros espacios como prótesis modeladas en relación con la naturaleza, el cuerpo y su sistema nervioso y al mismo tiempo rediseñan el cuerpo perceptualmente, conceptualmente, teórica y físicamente. 

¿En dónde empieza la definición de lo humano? Los seres humanos se consideran conglomerados específicos de tejido biológico o resultados de una secuencia genética casi aleatoria, una demarcación a nivel de la piel. El estado del ser, la capacidad de razonar y de crear es lo que reconocemos habitualmente en otros seres humanos, así como en nosotros mismos. Desde hace miles de años estas características han sido lo que nos separa de otros seres vivientes. ¿cómo trazar una definición de lo humano? ¿un humano deja de ser humano cuando le falta un brazo o carece de un sentido? ¿qué pasa cuando no cuenta con las capacidades cognitivas de las que tanto se enorgullecen los humanistas? ¿deja de pertenecer? ¿si tiene una o varias partes artificiales? ¿qué es aquello que posee todas estas características que son inherentemente humanas pero no cuenta con un cuerpo biológico? 

El desafío metodológico del posthumanismo es identificar cómo aquello que falta de un cuerpo y se reemplaza por algo creado por el hombre  influye sobre él mismo, lo cuestiona y lo resignifica.  Si no podemos trazar una demarcación absoluta entre la existencia del humano entonces debemos aceptar la posibilidad de que ésta puede mutar, ser modificada artificialmente e incluso que una máquina pueda cumplir las condiciones requeridas.

Si no se puede imaginar, no puede existir

Varios estudiosos han notado la importancia del quehacer artístico alrededor de la ciencia ficción ha sido parte importante en el desarrollo de los avances tecnológicos.  No solo representa la forma en que percibimos esos avances, sino que también ha dado lugar a una nueva subjetividad que se gesta a través de esos escenarios distópicos, una formación esencial de cyborg y una reconcepción potencialmente subversiva del sujeto que sitúa lo humano y lo tecnológico como coextensivos, codependientes y mutuamente definitorios.

El monstruo, el extraterrestre y el otro en general (concepciones sobre el tema de lo no humano en diferentes épocas de la historia) son utilizados como temas para dar forma a los temores incipientes y prejuicios que el desarrollo tecnológico trae consigo. La criatura de Frankenstein de Mary Shelley, la cual se considera la primera novela de ciencia ficción como las conocemos actualmente, combina todas las ideas de alteridad que vemos actualmente en los textos: algo con forma humana pero que no es humano, una creación artificial que trae consigo un desarrollo tecnológico pero a la vez un potencial desastre. 

También están textos como los de Jules Verne y H.G. Wells y las Historias asombrosas editadas por Hugo Gernsback, los cuales se articulan en avances que se veían venir, consecuencias del progreso tecnológico lógico y que lograron ver aquellas tecnologías volverse realidad en pocos años. La palabra cibernética fue introducida en 1948 por el matemático Norbert Wiener (1894-1964) en un libro titulado Cybernetics: Or Control and Communication in the Animal and the Machine. Wiener creía que los cuerpos biológicos y los cuerpos mecánicos eran sistemas autorreguladores conectados por el hecho básico de que ambos trabajan en términos de control y comunicación. “Sólo puede entenderse la sociedad mediante el estudio de los mensajes y de las facilidades de comunicación de que ella dispone y, además, que, en el futuro, desempeñarán un papel cada vez más preponderante los mensajes cursados entre hombres y máquinas, entre máquinas y hombres y entre máquina y máquina” (Wiener, 1969)

Las reflexiones sobre un futuro tecnocultural intentan encontrar una respuesta a los problemas formales y conceptuales que la digitalización trae consigo. Los futuristas y los fabulistas por igual han imaginado un momento  histórico inminente en el que  la existencia humana se transformará radical e irrevocablemente en una explosión repentina de desarrollo tecnológico y la humanidad se perderá a sí misma.  Julia J. A. Shaw, en el texto “From homo economicus to homo roboticus: an exploration of the transformative impact of the technological imaginary” dice que estas fantasías distópicas no vienen de la nada: se gestan en  una época que se caracteriza principalmente por la falla catastrófica de todos los sistemas de creencias que nos daban una base teórica para entender el mundo, en conjunto con una serie de preocupaciones ecológicas, políticas y sociales cada vez más profundas el único mito cultural colectivo que nos queda es aquel del progreso -lo tecnológico – un futuro alentador  pero terrible al mismo tiempo [5].

En los textos más recientes (Shockwave Rider, Blade Runner, 1984, etc) se cuestiona el significado de la humanidad en un mundo donde los seres humanos están cada vez más codificados de datos controlados por agencias gubernamentales. La noción del cuerpo como un sistema electrónico procede de su ecuación a una red de comunicaciones capaz de absorber información a través de los sentidos y de actuar posteriormente sobre la información recibida. La idea de que, si el cuerpo humano puede ser concebido como máquina, también es posible diseñar máquinas que simulen un organismo humano. Una intercambiabilidad que replica el cuerpo humano sobre la base de una comprensión de las estructuras de los organismos vivos los cuales son replicables e incluso mejorables. Por ejemplo, en la novela de “Neuromancer” de William Gibson aparecen personas con brazos electrónicos, mejoras en sus sentidos o son sujetos que, de alguna forma, burlaron a la muerte mediante los avances tecnológicos.  

Esto nos hace preguntarnos ¿hasta qué punto las fantasías de progreso no impactan el desarrollo real de las tecnologías? ¿no es al final de cuentas la fantasía y la imaginación de un investigador el que impulsa el deseo nostálgico de reconstruir estos mundos desconocidos? ¿no acaso todo avance en la historia de la humanidad implica una ruptura en el orden establecido?

 

[5] Las novelas fueron escritas en periodos de muchos cambios sociales. Neuromancer por ejemplo surge en medio de la guerra fría. Un evento en la historia donde los avances tecnológicos ya no implicaban comodidad (como en los sesentas) sino un desastre potencial.

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