La muerte y el posthumano 

by futuridad

Una idea común entre todas estas teorías es que la estructura orgánica que conforma los cuerpos humanos parece estar en plena mutación: sus antiguos márgenes se rediseñan constantemente, poniendo en jaque hasta la mismísima demarcación de la finitud o la muerte. Por supuesto, la reflexión sobre el posthumanismo abre una preocupación sobre la idea del límite entre la vida y la muerte. Claire Colebrook desarrolla estas ideas en su libro Death of the PostHuman “Hemos tomado la catástrofe de la existencia humana como algo natural e irrecuperable ¿Cómo es que la especie humana, aparentemente tan hambrienta de vida y dominio, olvidó convenientemente sus propias tendencias autoextinguibles?” 

La teoría de la muerte posthumana como un continuo vital es el total opuesto de la muerte como la entendemos: la desaparición/descomposición de la materia orgánica. Según Braidotti, la muerte es la transformación imperceptible del sujeto posthumano y como tal, es parte de los ciclos de devenir, otra forma de interacción conectividad, una relación vital que vincula a uno con el otro, fuerzas múltiples. La existencia de este sujeto posthumano se mantiene unido por la inmanencia de su expresiones, actos e interacciones con otros y por los poderes de recuerdo, o continuidad en el tiempo. La muerte implica cambios procesuales siempre cambiantes, y por lo tanto se desintegra el ego, con su carga de narcisismo y paranoia. 

Entonces el posthumano se podría entender  como una forma de rebeldía que buscan romper los cánones impuestos por la sociedad que limitan e impiden el desarrollo. Este tema es especialmente importante en la teoría queer y los estudios post-coloniales.  Donna Haraway emplea la figura del el cyborg de género, “un híbrido de máquina y organismo”, como una metáfora liberadora para las conexiones entre y entre los individuos, en particular, el augurio, a través del líneas de dicotomías tradicionalmente opuestas, por ejemplo, humano / máquina, ubicaciones humanas / animales, masculinas / femeninas o hipotéticamente mutuamente excluyentes de raza, clase y sexualidad.

El cyborg de Haraway, pierde los límites físicos y existenciales, borra las categorías impuestas por los cuerpos biológicos. En el libro “Ciencia, Cyborgs y mujeres” cuestiona todo lo que se ha dado por sentado en relación con el género. Habla del cuerpo tecnológicamente penetrado que permite rechazar las nociones edénicas de ser y feminidad, y alejarse de la historia de represión que tal mito de origen admite, y por consiguiente las barreras entre los individuos para construir nuevas alianzas personales basadas en la afinidad y no  la identidad. También la teoría cyborg toca los temas de colonialismo y  raza. El escritor y artista africano Kodwo Eshun, en el texto “Further Considerations on Afrofuturism habla de la apropiación de las tecnologías como un acto cronopolítico, un replanteamiento de futurismos que actúan para pronosticar y corregir la distopía africana; y Mark Derry en su esayo “Black to the future. explora las nociones del otro y de los pueblos secuestrados frente a la intolerancia y la violencia de los opresores en una tierra extraña

Este desarrollo, que a primera vista parece prometedor y excitante, trae consigo preocupaciones muy realistas. El interés de los gobiernos y las cabezas del poder por este desarrollo. Hay fuertes factores de riesgo en el espacio de las inestabilidades, en particular aquellos que tratan con las posibilidades del control totalitario de la sociedad global como la única forma aparente de gestión de riesgos. En este reino legalmente controlado por la  mercantilización, las patentes podrían extenderse a los genes humanos y ser parte de un sistema que limita, distribuye o extiende poderes de acuerdo a los intereses de las grandes potencias. Fukuyama advierte que los avances en las drogas y la ingeniería genética permitirán a la sociedad controlar el comportamiento humano y manipular las características físicas, y este poder podría alterar nuestra comprensión de lo que significa ser humano. La situación se complica por la ausencia de la propiedad física específicas, por lo que es inevitable  preguntarse no sólo quién tiene la capacidad de influir en las estructuras de poder, pero también qué medios son capaces de cambiar la representación de la realidad, en la mediación de la experiencia humana y las interacciones sociales. Para Fukuyama esto resulta amenazante precisamente porque sus efectos son sutiles e indirectos, y porque los avances de la biotecnología son tan atractivos en su promesa de mejorar o prolongar la vida humana. 

Habermas, en el texto El futuro de la naturaleza humana. ¿Hacia una eugenesia liberal? habla de la preocupación del futuro del ser humano al ser modificado artificialmente, las tecnología protésica, digital e informática es potencialmente peligrosa: “La eugenesia liberal no solo afectaría la capacidad de ser uno mismo. Sería al mismo tiempo, crear una relación interpersonal para la cual no hay precedentes

Más allá del contexto material y de ingeniería de las prótesis, las consideraciones legales, éticas, económicas y sociales de las prótesis también se deben de poner en la mesa. Muchas personas están preocupadas por el impacto potencial de la biotecnología en cualidades humanas inefables como la individualidad, la ambición o el genio y la exclusión (aún mayor) de las personas con discapacidades. 

El mercado de  las partes del cuerpo humano, incluidas aquellas en las que se piensa que nuestra esencia está concentrada es una nueva forma de segregación la cual se suma a las otras muchas que ya existen actualmente.  El proceso de mejora moral voluntaria necesariamente implica un acceso a las tecnologías, un conocimiento anterior y una capacidad económica para acceder a ellos y mantener los elementos que fueran necesarios. (actualizaciones de software, reemplazo de piezas, mantenimiento, etc.)

Por otro lado el diseño personalizado y los aspectos prácticos de las prótesis significan una conectividad 24/7 y una interacción con el fabricante que tiene acceso a todos los datos que se generen. ¿hemos llegado a ese momento como sociedad?

Hay muchas consecuencias alarmantes de esta combinación. En el capítulo final del libro Policies for the future, Where do we draw red lines, Fukuyama hace un llamado a la regulación de estas prácticas, no solo por los mismos gobiernos sino también a través de iniciativas de la sociedad civil. La adquisición de información, tanto  genética como de los datos masivos que es posible recolectar, se pueden usar para priorizar a algunos humanos sobre otros. ¿No hemos renunciado a la privacidad por obtener los beneficios que Facebook o Google ofrecen? ¿realmente como sociedad somos conscientes de lo que estamos sacrificando en nombre del progreso?

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