Hacia una definición nueva del humano. Un concepto siempre mutante.

Plástico, modelable, inacabado, versátil, el hombre se ha configurado de las maneras más diversas a través de las historias y las geografías. Pero han sido las sociedades basadas en la economía capitalista –desarrolladas en el mundo occidental durante los últimos tres siglos, las que inventaron la gama más amplia de técnicas para modelar cuerpos y subjetividades”.

-Paula Sibiilia [1]

Las reflexiones alrededor de la naturaleza humana están siendo revigorizadas desde el siglo pasado gracias a los avances tecnológicos que se están gestando en la actualidad. Tanto científicos como filósofos se están preguntando ¿estamos evolucionando?

Una de las características que se nos identifica como organismos biológicos es que estos están continuamente respondiendo a su entorno (incluso plantas y bacterias, aparentemente dotadas de falta de conciencia han desarrollado estrategias para responder a las condiciones ambientales) Las computadoras, por otro lado, no tienen una motivación para existir, no se quejan si tratamos de matarlas, y no se necesitan alimentar o reproducir [2].

¿Entonces en dónde empieza la definición de lo humano? Los seres humanos se consideran conglomerados específicos de tejido biológico o resultados de una secuencia genética casi aleatoria, una demarcación a nivel de la piel. El estado del ser, la capacidad de razonar y de crear es lo que reconocemos habitualmente en otros seres humanos, así como en nosotros mismos. Desde hace miles de años estas características han sido lo que nos separa de otros seres vivientes. ¿cómo trazar una definición de lo humano? ¿un humano deja de ser humano cuando le falta un brazo o carece de un sentido? ¿qué pasa cuando no cuenta con las capacidades cognitivas de las que tanto se enorgullecen los humanistas? ¿deja de pertenecer? ¿si tiene una o varias partes artificiales? ¿qué es aquello que posee todas estas características que son inherentemente humanas pero no cuenta con un cuerpo biológico? Si no podemos trazar una demarcación absoluta entre la existencia del humano entonces debemos aceptar la posibilidad de que esta puede mutar, ser modificada artificialmente e incluso que una máquina pueda cumplir las condiciones requeridas.

Para que la expansión humana sea posible se requieren partes externas que se moldeen a nuestra forma humana y ayuden a este acto tecnoevolutivo. Los dispositivos protésicos -usados desde la antigüedad-,  que son sustitutos de las partes del cuerpo perdidas, tienen como característica fundamental ser desmontables y meramente mecánicos,  el dispositivo permanece tonto [3]. “Nadie sin una buena razón buscaría una amputación que reemplazara a una extremidad sana con una de madera. Pero la mayoría de las personas eligiría  tener una prótesis una vez que la extremidad se haya ido para restaurar alguna apariencia de movilidad y capacidad”. La fantasía, sin embargo, proyecta un futuro (¿o un presente?) en el que esas prótesis serán genuinamente mejores que su original biológico. [4] 

Hayles menciona que la base de la construcción del cyborg son las vías de información que conectan el orgánico cuerpo a sus extensiones protésicas. Esto supone una concepción de la información como una entidad (incorpórea) que puede fluir entre las emisiones de carbono de los componentes orgánicos y los componentes electrónicos. [5]  Cuando el aparato razonador/ mente pierde su cuerpo, el estado biológico parece ser incidental.

Eric J. Chaisson, en su ensayo  “Cosmic Evolution” [6], dice que la humanidad se está moviendo hacia una era, posiblemente tan pronto como dentro de un pocas generaciones, en la que ya no podremos esperar que la naturaleza se ajuste lo suficientemente rápido como para garantizar nuestra propia supervivencia. Por el contrario, la civilización en la tierra o bien tiene que adaptarse al entorno natural con velocidad cada vez mayor, o generar condiciones ambientales artificiales necesarias para nuestra existencia ecológica. De dos sistemas magníficos pero locales -sociedad y máquinas- probablemente surja una tecnocultura que funcione simbióticamente: el epítome de la complejidad. Este es realmente el comienzo de la era en la que los cyborgs inteligentes se convierten potencialmente en agentes de cambio (o será un evento pasajero en el espacio-tiempo por el cual la vida humana en la tierra y su gran experimento cultural terminan).

La definición de la prótesis [7] ha variado muchísimo en la historia, la RAE la define como un (pro-antes y thesis = yo pongo, poner) aparato o sustancia que se coloca en el cuerpo para mejorar alguna de sus funciones. En los años sesenta este concepto se retomó y se redefinió, en primer lugar desde la literatura de ciencia ficción en la que aparecieron humanos modificados por máquinas quienes obtenían poderes o capacidades superiores y por otro lado desde los media studies, siendo especialmente notoria la participación de McLuhan con su libro Understanding Media [8]. La prótesis ya no es simplemente el reemplazo de un miembro sino se comienza a utilizar para nombrar la función de nuestros avances tecnológicos -la ciborgización del hombre- una cuchara es una prótesis de nuestra boca, unos zapatos son una prótesis de nuestros pies, un dispositivo tecnológico (un teléfono móvil por ejemplo) es una prótesis de nuestro cerebro y por supuesto una mano sintética es una extensión de un brazo faltante de ciertas funciones.

la estructura orgánica que conforma los cuerpos humanos parece estar en plena mutación: sus antiguos márgenes se rediseñan constantemente, poniendo en jaque hasta la mismísima demarcación de la finitud o la muerte [9]. Por supuesto, la reflexión sobre el posthumanismo abre una preocupación sobre la idea del límite entre la vida y la muerte. Claire Colebrook desarrolla estas ideas en su libro Death of the PostHuman [10] “Hemos tomado la catástrofe de la existencia humana como algo natural e irrecuperable ¿Cómo es que la especie humana, aparentemente tan hambrienta de vida y dominio, olvidó convenientemente sus propias tendencias autoextinguibles?”

La teoría de la muerte posthumana como un continuo vital es el total opuesto de la muerte como la entendemos: la desaparición/descomposición de la materia orgánica. Según Braidotti, la muerte es la transformación imperceptible del sujeto posthumano y como tal, es parte de los ciclos de devenir, otra forma de interacción conectividad, una relación vital que vincula a uno con el otro, fuerzas múltiples [11]. La existencia de este sujeto posthumano se mantiene unido por la inmanencia de su expresiones, actos e interacciones con otros y por los poderes de recuerdo, o continuidad en el tiempo. La muerte implica cambios procesuales siempre cambiantes, y por lo tanto se desintegra el ego, con su carga de narcisismo y paranoia.

Aquí, la invención tecnológica se encuentra inherente a la selección natural, algo bastante darwininano, una factor constitutivo y una garantía de la plasticidad -la naturaleza y lo imposible- de las formas de vida.

Estos ejercicios traen un fenómeno característico de nuestros tiempos: La aceleración. Este término se puede ver desde diferentes ángulos: por ejemplo en la aceleración de la capacidad de individualidad y la autopoiesis. Potenciar para la diferenciación, es en sí mismo un hecho que ha caracterizado a la sociedad humana, desde los tatuajes, las intervenciones al cuerpo humano (como es el caso de la artista Orlan [12]) o la explotación de las capacidades físicas. Ahora, al añadir el elemento máquina, se  registra una interrupción del orden natural que, en efecto, coincide la evolución rompe su proceso natural.

La transición entre la la condición humana a la condición posthumana de la existencia, de la que habla Hayles, comienza cuando se vuelve innecesario el esfuerzo de distinguir entre humanos y naturaleza. ¿Qué es aquello que se entiende por «condición posthumana»? Peperell explica que no se trata del ‘Final de ‘Hombre’ [13], pero sí el final de un universo ‘centrado en el hombre’ Se trata del final del «humanismo», ese sistema de creencias que se basa en la infalibilidad del poder humano y la creencia arrogante en nuestro superioridad y singularidad. Por otro lado se trata de la evolución de la vida, un proceso que no solo se encuentra limitado a la genética, pero que incluye toda la parafernalia cultural y existencia tecnológica con la que ya estamos conviviendo de forma simbiótica.  Si la vida puede funcionar de manera más eficiente en colaboración con sistemas mecánicos, entonces lo hará; si los humanos pueden existir de manera más efectiva al adquirir más mejoras a través de las máquinas, entonces lo harán.

[1] Sibilia, P. (2016). El hombre postorgánico (pos. 78) México, D.F.: FCE – Fondo de Cultura Económica.

[2] Pepperell, R. (2003). The posthuman condition.(p.140).  Bristol: Intellect.

[3] Ihde, D. (2008) Phenomenology and the Cognitive Sciences. Capítulo Aging: I don´t want to be a cyborg!  Springer Science+Business Media. Volumen 7, p. 399

[4] El corredor Pistorius alcanzó un record mayor al correr con prótesis en sus dos piernas, a tal nivel que fue expulsado de las competencias por tener una ventaja injusta. De igual manera el alpinista Mark Inglis pudo alcanzar la cima del Everest con piernas biónicas, abriendo el debate de las posibilidades que la tecnología trae consigo. Scott Sumit, en una TedTalk habla de la apariencia estética de las prótesis, las cuales son capaces de ser personalizadas y embellecidas. Un ejemplo es la modelo Viktoria Modesta.

[5] Hayles, N. (2010). How we became posthuman (p. 2). Chicago: Univ. of Chicago Press.

[6]  Chaisson, E. (2010) Cosmic evolution – the rise of complexity in nature.Cambridge, Massachussets. Harvard University Press.  (p. 20-21)

[7]πρόθεσις (prothesis) formado de προ- (pro = antes; ver: programa, problema) y θέσις (thesis) de τίθημι (tithemi = «yo pongo») en sentido de posición

[8] McLuhan,M. (1464). Understanding Media The extensions of man . Londres y Nueva York : W. Terrence Gordon.

[9] Sibilia, P. (2012) El cuerpo viejo como una imagen con fallas: la moral de la piel lisa y la censura mediática de la vejez. São Paulo: Comunicação, mídia e consumo.  p. 86

[10]  Colebrook, C (2014)  Death of the PostHuman Essays on Extinction, Vol. 1. Michigan: Michigan Publishing – University of Michigan Library, Ann Arbor p.12

[11] Braidotti, R. (2013). The posthuman. Cambridge, UK,Polity Press.p.1

[12] Orlan es una artista del performance. Es conocida por sus transformaciones corporales extremas.

[13] Pepperell, R. (2003). The posthuman condition.(p.140).  Bristol: Intellect.  p. 172 

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