Experimentaciones creativas que dieron paso al imaginario colectivo

El posthumano en la literatura, el arte y los medios audiovisuales.

Superar la muerte con una metalización del cuerpo humano y la

purificación del espíritu vital como fuerza mecánica”

Manifiesto futurista. Filippo Tomasso Marinetti [1]

Varios estudiosos han notado la importancia del quehacer artístico alrededor de la ciencia ficción ha sido parte importante en el desarrollo de los avances tecnológicos.  No solo representa la forma en que percibimos esos avances, sino que también ha dado lugar a una nueva subjetividad que se gesta a través de esos escenarios distópicos, una formación esencial de cyborg y una reconcepción potencialmente subversiva del sujeto que sitúa lo humano y lo tecnológico como coextensivos, codependientes y mutuamente definitorios.

El monstruo, el extraterrestre y el otro en general (concepciones sobre el tema de lo no humano en diferentes épocas de la historia) son utilizados como temas para dar forma a los temores incipientes y prejuicios que el desarrollo tecnológico trae consigo [2]. La criatura de Frankenstein de Mary Shelley, la cual se considera la primera novela de ciencia ficción como las conocemos actualmente, combina todas las ideas de alteridad que vemos actualmente en los textos: algo con forma humana pero que no es humano, una creación artificial que trae consigo un desarrollo tecnológico pero a la vez un potencial desastre. 

También están textos como los de Jules Verne y H.G. Wells y las Historias asombrosas editadas por Hugo Gernsback, los cuales se articulan en avances que se veían venir, consecuencias del progreso tecnológico lógico y que lograron ver aquellas tecnologías volverse realidad en pocos años. Esto nos hace preguntarnos ¿hasta qué punto las fantasías de progreso no impactan el desarrollo real de las tecnologías? ¿no es al final de cuentas la fantasía y la imaginación de un investigador el que impulsa el deseo nostálgico de reconstruir estos mundos desconocidos? ¿no acaso todo avance en la historia de la humanidad implica una ruptura en el orden establecido?

La palabra cibernética [3] fue introducida en 1948 por el matemático Norbert Wiener (1894-1964) en un libro titulado Cybernetics: Or Control and Communication in the Animal and the Machine.[4] Wiener creía que los cuerpos biológicos y los cuerpos mecánicos eran sistemas autorreguladores conectados por el hecho básico de que ambos trabajan en términos de control y comunicación.

“Sólo puede entenderse la sociedad mediante el estudio de los mensajes y de las facilidades de comunicación de que ella dispone y, además, que, en el futuro, desempeñarán un papel cada vez más preponderante los mensajes cursados entre hombres y máquinas, entre máquinas y hombres y entre máquina y máquina”

(Wiener, 1969)

Las reflexiones sobre un futuro tecnocultural intentan encontrar una respuesta a los problemas formales y conceptuales que la digitalización trae consigo. Los futuristas y los fabulistas por igual han imaginado un momento  histórico inminente en el que la existencia humana se transformará radical e irrevocablemente en una explosión repentina de desarrollo tecnológico y la humanidad se perderá a sí misma. Julia J. A. Shaw, en el texto “From homo economicus to homo roboticus: an exploration of the transformative impact of the technological imaginary”[5] dice que estas fantasías distópicas no vienen de la nada: se gestan en  una época que se caracteriza principalmente por la falla catastrófica de todos los sistemas de creencias que nos daban una base teórica para entender el mundo, en conjunto con una serie de preocupaciones ecológicas, políticas y sociales cada vez más profundas el único mito cultural colectivo que nos queda es aquel del progreso -lo tecnológico – un futuro alentador  pero terrible al mismo tiempo [6].

Múltiples amenazas de guerra, enfermedad, desastre ambiental, incertidumbre económica y el espectro de la singularidad tecnológica presenta monstruosos dilemas éticos. La pérdida de identidad, autenticidad y conexión con el mundo sensorial, incluso una sensación de desarraigo, se ve agravada por la creciente penetración de los valores de mercado y otras organizaciones poderosas que sustentan las tecnologías de masas y el consumo masivo. Desde una perspectiva psicoanalítica los avances tecnológicos sin control producen un despertar de los instintos reprimidos que oprimen el sentido centrado de uno mismo, y se vuelve pertinente abordar aquellos elementos que representan tal amenaza. El encuadre de esta oposición en términos de confrontación sugiere la posibilidad de autonomía tecnologías más allá del control humano, en particular el espectro del posthumano. Esto constituye el lado oscuro de la modernidad para algunos; mientras que para otros el turno del posthumano ha sido bienvenido como una oportunidad única para explorar críticamente los elementos clave de los efectos humanos de este proceso de transformación.

En los textos más recientes (Shockwave Rider, Blade Runner, 1984, etc) se cuestiona el significado de la humanidad en un mundo donde los seres humanos están cada vez más codificados de datos controlados por agencias gubernamentales. La noción del cuerpo como un sistema electrónico procede de su ecuación a una red de comunicaciones capaz de absorber información a través de los sentidos y de actuar posteriormente sobre la información recibida. La idea de que, si el cuerpo humano puede ser concebido como máquina, también es posible diseñar máquinas que simulen un organismo humano. Una intercambiabilidad que replica el cuerpo humano sobre la base de una comprensión de las estructuras de los organismos vivos los cuales son replicables e incluso mejorables. Por ejemplo, en la novela de “Neuromancer” de William Gibson aparecen personas con brazos electrónicos, mejoras en sus sentidos o son sujetos que, de alguna forma, burlaron a la muerte mediante los avances tecnológicos.  

El arte retoma las fantasías transhumanistas apuntaladas por los avances tecnológicos y buscan desafiar el concepto del cuerpo al cuestionar el concepto de dualidad mente-cuerpo. Ricardo Iglesias [7], como parte de su tesis de doctorado y su investigación plasmada en el libro Arte y robótica, reflexiona sobre el papel de estas creaciones en nuestro imaginario colectivo “El hombre ha intentado reproducir la vida desde que tiene conciencia de esta y desde tiempos inmemoriales ha cultivado el sueño de crear unos seres artificiales capaces de hacerle la vida más fácil y agradable. Un deseo, cuyas contradicciones éticas se plasman en una suerte de inquietud y miedo ancestral a que la criatura se rebele contra su creador”.

Además de la literatura en el campo del arte se ha explorado el tema de formas muy interesantes. Desde la producción audiovisual a gran escala de los países industrializados que nos entregaron piezas memorables como: Matrix, Her, Metrópolis, Madmax y Black mirror [8] (en formato para la televisión) y muchísimas otras más que ya todos conocemos, hasta las piezas (que personalmente me parecen aún más interesantes) que se producen desde otras latitudes: el sur global.

Las novelas visuales y los comics latinoamericanos han sido una plataforma muy fértil para explorar estos temas. El libro “Posthumanism and the Graphic Novel in Latin America” de Edward King y Joanna Page explora toda la producción alrededor de este tema poco explorado. Es interesante notar que una parte considerable de las obras de ficción gráfica latinoamericana (con autores como Ricardo Piglia, Carmen Buollosa o Edmundo Paz-Soldán) a menudo ha intentado invertir jerarquías (neo) coloniales en su descripción de la tecnología, imaginando un el orden mundial revertido en el que los países menos modernizados son empujados hacia la vanguardia del desarrollo global [9]. La distopía es una forma de articular ciertas figuras espaciales con los mitos nacionales y con la política de la identidad en el contexto de la globalización [10]. 

[1]  cita del manifiesto futurista de Marinelli.  

[2] en la antigüedad, con el desarrollo de las industrias, los temores se fundaron en el encuentro de criaturas desconocidas o de tierras con nuevas civilizaciones. Por ejemplo, la industria náutica: en la Ilíada aparece el minotauro y en Los viajes de Gulliver civilizaciones desconocidas pobladas por humanoides. 

[3]  Cibernética deriva de la palabra griega kibernetes lo que significa una forma de ‘dirección’

[4] Wiener, N. (2014). Cybernetics or control and communication in the animal and the machine. Cambridge, Mass: M.I.T. Press. 

[5] Shaw, J. (2015). From homo economicus to homo roboticus: an exploration of the transformative impact of the technological imaginary. International Journal of Law in Context, Cambridge.  11,3 pp. 245–264

[6] Las novelas fueron escritas en periodos de muchos cambios sociales. Neuromancer por ejemplo surge en medio de la guerra fría. Un evento en la historia donde los avances tecnológicos ya no implicaban comodidad (como en los sesentas) sino un desastre potencial. 

[7] http://www.ricardoiglesias.net/

[8] En algunos capítulos se explora la singularidad: la pérdida del cuerpo biológico para convertirse en un archivo instalable en cualquier dispositivo (un osito de peluche por ejemplo o una réplica de una persona a través de la inteligencia artificial), una total ausencia del cuerpo biológico.

[9] King, E ,Page, J. (2017) Posthumanism and the Graphic Novel in Latin America”. Steampunk, Cyberpunk and the Ethics of Embodiment  UCL Press. p. 115

[10] Cyberpunk Latinoamericano: Distopías, Virtualidades y Resistencias |. (2018). Puerto-de-escape.cl. Retrieved 10 April 2018, from http://www.puerto-de-escape.cl/2009/cyberpunk-latinoamericano-distopias-virtualidades-y-resistencias/http://www.puerto-de-escape.cl/2009/cyberpunk-latinoamericano-distopias-virtualidades-y-resistencias/

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